jueves, 6 de febrero de 2014




ROSA ROISINBLIT, VICEPRESIDENTA DE “ABUELAS”


“Una madre es lo máximo que hay”


Como todas las tardes, ella está sentada en el sillón de su oficina que da a la calle Virrey Cevallos en pleno Congreso. Allí el tiempo es infinito. Sin embargo, eso parece no importarle a Rosa Roisinblit, que cada día encuentra un motivo para seguir firme en el cargo de vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, lugar al que pertenece desde hace 31 años.
Nada fue fácil para esta mujer de 89 años cuando un día como cualquier otro, en el 78, su hija Patricia, embarazada de ocho meses, y su yerno, José Manuel Pérez, desaparecieron en manos de la más feroz dictadura militar de la historia argentina.
La realidad que atormentó a una sociedad entera, no fue motivo para que Rosinblit bajara sus brazos. “En principio, encontramos muchos obstáculos, pero el amor por nuestros hijos y nietos estaba por encima de esos impedimentos y tratamos de vencerlos. No había ningún texto en donde aprender lo que teníamos que hacer, tuvimos que recurrir a nuestra propia creatividad”, relata.

Sus vivas esperanzas y el lazo que la unía a sus seres queridos la acompañaron tanto a ella como a otras madres y abuelas en el reclamo por los derechos humanos, desde aquel momento, pese a que el gobierno militar seguía todavía vigente. “Aparentemente, las madres somos más fuertes, más enérgicas en el reclamo, porque la madre es lo máximo que hay”, dice con valor al explicar por qué fueron sólo mujeres las que siguieron un reclamo que perdura hasta el día de hoy, cuando en un principio el grupo era heterogéneo y reunía tanto a familiares, maridos, esposas, hijos e hijas de personas desaparecidas. Lo que, “poco a poco se fue decantando y hubo una separación”. Algunos familiares buscaban a detenidos por razones políticas, las madres se dedicaron exclusivamente a buscar hijos e hijas, y en ese momento comenzó “Madres”. “Luego, cuando nosotras, las abuelas, nos dimos cuenta que a los bebes tampoco nos los iban a entregar, empezamos la búsqueda de los nietos”. Así, relata Roisinblit lo que fueron los tres organismos “afectados” que se crearon en un principio.
Las Abuelas de Plaza de Mayo han identificado a 82 niños nacidos en cautiverio o secuestrados por la dictadura que gobernó en Argentina entre 1976 y 1983, sobre un total estimado de 500 bebés que fueron arrebatados a sus padres en campos de concentración del régimen. Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit, su nieto recuperado en 2000, nació en la tenebrosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la más emblemática cárcel clandestina de la dictadura, al mediodía del 15 de noviembre de 1978 de parto normal.

En el presente, Roisinblit y otras abuelas siguen firmes con el mismo afán que las acompaña desde hace ya muchos años: mantener un espacio vivo de reclamo para preservar la memoria y buscar la identidad. “Cualquier persona que tiene dudas sobre su origen, aunque no sospeche que sea hijo de desaparecidos, puede venir acá. Todos los días se presentan chicos con sus dudas y aquí hay gente especializada que los escucha y ve cómo es el caso. Si sospechan que puede ser un nieto desaparecido, entonces se le puede sugerir a esa persona que vaya al banco de datos genéticos a dar su sangre y cotejar con las posibles familias”, explica Roisinblit.
Habla deteniéndose en cada idea con firmeza, como si buscara que su interlocutor logre la conciencia que ella lleva encarnada. “Es muy importante que la gente conozca lo que pasó en el país, hay que instruir a la gente, relatar lo que pasó y buscar los medios para impedir que se repitan. Nosotras tenemos convenios con el Ministerio Nacional de Educación, mandamos folletos, diskettes, fotografías, y ellos se encargan de distribuirlos a las escuelas. Hay que mantener la memoria activa, porque un país que olvida corre el riesgo que las cosas se repitan”,cuenta.
Su labor en la Asociación de Abuelas siempre fue activa, aunque eso no oculta que en momentos la tristeza y el dolor tengan un lugar en sus días y sobre todo en fechas especiales como es el Día Internacional del Desaparecido-Detenido que se conmemoró el 30 de agosto en el Parque de la Memoria. “Esas fechas son de gran emoción, y también de mucha tristeza, tiramos una flor al agua porque no tenemos un lugar realmente donde llevarla”, dice con su mirada hacia abajo. 

Una causa para vivir. Mucha gente pasa toda su vida buscándole un sentido a su existencia, y Rosa Rosinblit ya casi pisando los 90 años no ha renunciado a ella y la tiene más presente que nunca.


Septiembre del 2009






miércoles, 15 de enero de 2014



Cine 3D: más ocasión que reinvención

Muchos fueron los intentos que tuvo el formato 3D en su intento de posicionarse en la pantalla grande a lo largo de la historia.
En 1899, William Friese Green fue el pionero que patentó el primer sistema cinematográfico en 3D, pero no tuvo éxito debido a lo complejo del mecanismo. Diez años después Frederik Eugene tampoco logró tener repercusión. El mismo destino le siguieron a los intentos en 1915 con Edwin Potter como en 1922 cuando se realizó el primer cortometraje 3D en Los Angeles, utilizando el método de la doble proyección a partir de dos películas de celuloide, separando la imagen mediante los colores rojo y verde; y donde cada color era captado sólo por uno de los ojos, mediante unas gafas con cristales rojo y verde respectivamente.
Muchos de estos intentos, quedaron truncos por la carga de equipamiento que exigían para su exhibición, como el VistaVision o el Cinerama, este último requiriendo tres proyectores. La película The Power of Love en 1922  no  tuvo éxito pero fue el verdadero inicio del interés real por la cinematografía en 3D. Con la caída de Wall Street en 1929, el desarrollo del cine tridimensional se detuvo.
Lo que faltaba, era la llegada del color. Aunque todas las películas en 3D se rodaban en color, el paso a la separación en rojo y verde, hacía que los espectadores obtuvieran una imagen en blanco y negro. La llegada de los filtros polarizadores patentados por Polaroid supuso un gran cambio,
Hacia la década del 60´ Arch Oboler creó un nuevo sistema Space Visión 3D que imprimía dos imágenes superpuestas, permitiendo utilizar un único proyecto. Pero no prosperó.
Se reintentó en los 80´ con Dinastía y Tiburón III, sin contar apariciones de Martes 13 Freddy Krueger y su muerte en 3D. “Pero el sistema de anteojos generaba molestias, dolores de cabeza y de alguna manera era “depender” de un elemento sobre el cuerpo para disfrutar el espectáculo. Los efectos no representaban volumen, sino “troquelado” de las imágenes, lo cual resultaba más artificial que el cine convencional”, afirma el investigar, docente  y realizador audiovisual Sergio Armand. En otros, se distorsionaba lo representado en pos de la tridimensionalidad. Un caso fue, ya en los 2000, el súperman del IMAX que en un plano general, parecía un muñequito superpuesto sobre el fondo; efecto que en su versión 2D no aparecía y resultaba dramáticamente adecuado.
¿Quién apostaría a ciencia cierta que la sorpresa y la repercusión que generó James Cameron con Ghosts of the Abyssen (Misterios del Titanic) en 2003 y que luego reafirmaría con Avatar, seis años después, vendrían para quedarse? No obstante, lo más lógico será sugerir si estará en condiciones de permanecer o si tendrá el mismo destino que sus antecesores intentos.
La técnica del 3D no es más que la filmación y proyección que simula la visión tridimensional humana real. A través de unas lentes, cuyo diseño también sufrió alteraciones en el tiempo, se posibilita esta práctica. Basta detenerse en que el 3D cumple con la ambición de reproducir imágenes tal cual son visualizadas por el ojo real para darse cuenta que el hombre parece no tener límites en lo que a su intento de “acceder” a la realidad se
 refiere. Introducir el contexto en el que se sitúa el resurgimiento de esta nueva tecnología,- y ya no mero formato en si-, que parece augurar que tendrá otro desenlace y no se convertirá en un simple intento de renovación que queda trunco en el tiempo, parece ser el camino para poder pensar en sus logros y aciertos.
Con las posibilidades de trasladar el cine a la casa, a partir de las dos privatizaciones que tuvo el cine, primero con el video home y después con los DVDs, y Blue Rey y principalmente con el advenimiento de las grandes pantallas al hogar, de formato ancho, ya no resultaba impactante ver imágenes amplias en color.  El cine 3D resucitó la convocatoria a las salas. La recaudación de Avatar  en EEUU dejó casi 600 mil millones de dólares, muy cerca de superar al  imbatible Titanic, ambas del mismísimo James Cameron.
El 3D desde entonces invitaron nuevamente al espectáculo del cine. “La experiencia fue tan impactante como lo fueron las primeras películas, si recordamos la locomotora de los Lumiere que parecía arrollar a los espectadores” dice Armand. Existen experimentos como el de Werner Herzog y más recientemente Win Wenders con Pina”, que brindaba una propuesta artística deslumbrante gracias al efecto estereoscópico. Como también lo fue Hugo de Scorcece. Así lo sugiere Gisela Manusovich, analista cinematográfica y docente. “Lo que nos generaba Hugo en el 2012, yo la sitúo con la misma fascinación que le pudo haber generado el publico de Melies la década del 10´. Ahí si tiene un sentido alucinante porque con un recurso tecnológico se puede recrear una vivencia espectatorial”, apunta.
En términos estéticos, el cine 3D logra generar impacto visual, pero se torna difícil separar la mera sorpresa de la sucesión de golpes de efectos sueltos. “El verdadero enriquecimiento se podría ver cuando el “arte” del director de fotografía, la profundidad de las imágenes, los volúmenes, llegan a estar ciertamente unificados con el efecto 3D”, afirma Sergio Armand. Potenciar el tratamiento visual parecería ser el lugar que le cabe a esta nueva incursión técnica.
El poder de hablar desde otro lugar con mucho menos limitaciones a nivel  narrativo y espaciales, permitiendo resolver cosas que en el plano tradicional se dificultan, es lo que detalla Gonzalo Mena, productor ejecutivo de REMO, un estudio de animación 3D y fundador de UIPAA, (Unión Industrias de Animación y Artes Audiovisuales), como el gran aporte de esta técnica.. Sin embargo, en algunas ocasiones, “puede llegar a distraer al espectador ya que el uso de la de la estereoscopía obliga a secuencias con acción y resultados adrenalínicos (si cabe el término) y en cierto sentido puede condicionar las opciones narrativas”, contrapone Armand.
Asimismo, eventualmente siempre queda gente afuera. Aún es molesto depender de lentes, (quienes usan anteojos viven una molestia con el “doble par”) y la gente con estrabismo no puede apreciarlo. Además de no se pueden llegar, siendo la higiene un punto importante en su
maniobra.


Negocio o nuevo lenguaje

Resulta absurdo dejar de lado la veta comercial que asoma detrás de cualquier resurgimiento o incorporación técnica. ¿Cómo delimitar cuando una tecnología  funciona como complemento o cuando se refugia en ella como la salvación de un film?
Cuando empezó el Cinemascope y el Panavisión, los magnates del cine quisieron readaptar filmes con el encuadre tradicional a la pantalla ancha, recortando cabezas, arruinando composiciones, pasando por encima de la obra artística. Turner, lider de la televisión en Estados Unidos, compró derechos de varios films tradicionales y arremetió con el coloreado digital. Se levantaron cineastas de todo el mundo en contra de esto. “Con el 3D, muchos directores se negaron rotundamente a readaptar sus films al sistema 3D. Cristopher Nolam se negó con sus “Batman”. Las propuestas comerciales se vacían de contenido en vez de llenarse porque se desbalancea la perspectiva. Se centra en lo comercial y se olvida que los estímulos pretendidamente impactantes, comienzan a carecer de contraste, de novedad” advierte Armand.
Los recursos estéticos son una caja de herramientas que depende de cómo se apliquen, tienen más sentido o no. Un sentido comercial, un sentido artístico o educacional, en términos de Manusovich. “Hay que tener cuidado con el buen uso de las herramientas. Yo no estoy de acuerdo del abuso del recurso porque en mi opinión los contenidos tienen que ser sostenidos por una idea y no por el recurso. El recurso no es el que tiene que mandar a la idea sino la idea mandar al recurso”, afirma Mena.
En el escenario socio tecnológico actual donde desde distintos enfoques como la publicidad,  las redes sociales, o el cine de animación, invitan a la interactividad del usuario y lo “forman” de un modo activo, ávido de la novedad que busca participar y no solo contemplar una obra, sino apropiarse como pasa con los contenidos musicales móviles o la interactividad del mundo virtual, cabe introducir la inquietud de si esta técnica está en vísperas de convertirse en un nuevo lenguaje.
Armand es tajante en su postura. “Una técnica que no ha modificado la narrativa sino que más bien en muchos sentidos la ha estancado un poco en función de las ofertas, no está cerca de generar un nuevo lenguaje”.
Mucho de lo que vemos y lo que nos llega como espectadores, en mayor proporción desde Hollywood en términos del 3D, está mandando por la ventaja económica que por una buena idea. “Hoy por hoy, estamos muy obligados a hablar mucho de Hollywood porque estamos en la argentina y hay un aprovechamiento y todo esto es como un negocio. Si el mercado oferta y el público consume y lo pueden introducir me parece que va a pasar. Estaría bueno que se igualen, para que se pueda comunicar lo importante que es la historia, el por qué de una idea”, concluye el fundador de UIPAA.
Todos parecen coincidir que la técnica debe estar subordinada al guión y no al revés. Cuando lo pensamos a la inversa es cuando comienzan a jugar las variables propias del mercado


Punto de llegada: el público infantil

Hoy por hoy, el 80% del mercado cinematográfico está ocupado por las grandes películas de Hollywood que establecen la propuesta del entretenimiento y el 3D sabe apropiarse muy bien de esta ventaja, configurándose como una suerte de montaña rusa, como la define Armand.
Es muy difícil dejar de mencionar las producciones “tipo chorizo”, -homogéneas y similares- como muchas de las producciones que llegan a nuestro país desde el hermano mayor, Hollywood. A su vez, resulta difícil separar una técnica tan grande en cuanto a su impacto, de su propuesta,  emparentada con el entretenimiento, especialmente para el público infantil que parece ser el blanco de este reinvento.

Gonzalo Mena señala que no debería haber un target determinado para consumirlo. “Esas son condiciones del mercado que han decidido explotarlo de esta manera y hoy es esta la condición. Muchos de los formatos que se venden están enfocados hacia el público infantil. Resulta mucho más fácil entrar en un negocio emparentado con un contenido infantil que un contenido adulto. El adulto no va y elige por su propia cuenta si no es que tiene hijos, porque no está enfocada para él”, dice.
Dar lugar a una diversión que fomente el espíritu critico parece ser el camino más esperanzador que encuentra Gisela Manusovich para que la tecnologia no nos pase por encima cual tsunami. “Hay que generar nuevos canales de disfrute que no se si tienen que ver con la diversión. Por ahí tiene que ver con construir un mirada más crítica, con valoras ciertos documentos históricos. Que haya entretenimiento no quiere decir que no haya un cine de arte, un cine pedagógico”, concluye Manusovich.

martes, 26 de noviembre de 2013

Séptimo




A Séptimo grado


Comúnmente, se asocia a Ricardo Darin, a un standard de calidad asegurado. Y no es para menos, en el imaginario colectivo, el protagonista de Séptimo es sinónimo de talento cinematográfico. Podríamos disentir, abnegando que si bien su actuación es tan lúcida como siempre, en el film, una sumatoria de situaciones no es hacen más restar.
Realizada bajo co-producción Argentino-Española, y con un guión y dirección de Patxi Amezcua, este film es un thriller que se las ve complicado para sostener el suspenso que le concierne al género durante los 88 minutos de su duración.

Sebastián (Ricardo Darin), es un padre porteño que comparte con sus dos hijos un juego al salir de su casa. Mientras él baja por el ascensor, los niños lo hacen por la escalera. La travesura se convierte en pesadilla cuando un día, sus hijos desaparecen dentro del edificio. A partir de ese episodio, comienza una búsqueda desesperada por parte del protagonista y su esposa (Belén Rueda).

Séptimo, sumerge al espectador en un recorrido por pistas falsas que agotan más que mantenerlo atento. Por otro lado,  la construcción de los personajes de los niños carece de verosimilitud, ya que el vínculo de los niños con el padre carece de naturalidad. Esto, sumado a los giros no justificados del film, y su endeble resolución parecerían demostrar que no se lo aprovecho a Darin como podría haberse logrado.

Por su parte, la captura de la Buenos Aires alborotada le da dinamismo al film al jugar con los ruidos de la ciudad y distraer al espectador ante la monotonía de la búsqueda. Aunque la mirada extranjera le podría haber aportado una perspectiva distinta de la ciudad y otorgarle un sello diferente.

Es meritorio descatar las actuaciones de Osvaldo Santoro, Luis Ziembrowski, y Jorge D´Elia. Probablemente, eso acentúe que al levantarse de la butaca, a uno le queda un sabor amargo, al tratarse de tal elenco.

La navidad en el cine


El fervor de los clásicos de navidad

La navidad, representada en la pantalla del cine, parecería funcionar en el imaginario colectivo como una fecha que convoca a las películas que realzan el espíritu festivo, la armonía familiar y la generosidad.  Son películas que pese a  haber visto una y mil veces en pantalla y de pecar de simplistas e incluso sentimentales, el público las demanda. Son films puramente emotivos y en gran medida idealistas. Curiosamente no se encuentra en su argumento una mención al origen de este festejo.
¿Qué hace que estas películas tengan tanta popularidad? Posiblemente que estos films recurran a la estructura del melodrama, es decir, una acción dramática, que exagera aspectos sentimentales, o lacrimógenos con el fin de provocar emoción en el público. Y  claro que lo logran, consagrándose muchas veces como clásicos.

¿Quién no recuerda con apego Home Alone (Mi pobre Angelito) cuando la madre del pequeño niño de las mil travesuras, luego de quedar distanciados en países distintos, logra reencontrarse con su hijo para pasar con él la noche buena? O Jingle all the way (Un Padre en apuros), que cuenta las maniobras que debe hacer un padre para lograr complacer a su hijo con su regalo deseado. Incluso las aventuras del clásico cine norteamericano It´s a Wonderful life! (¡Qué bello es vivir!).
Además de ser una fecha que nos llama al ritual de decorar árboles, preparar la cena, y recibir regalos, la navidad tiene sus raíces en el cristianismo. Sin embargo, en este tipo de films (o en su mayoría) no hay rastros de su origen. Muchos de las películas que se estrenan, o que son comúnmente transmitidos por cable, no intentan transmitir el significado de la navidad, sino que, lo que vemos representados en la pantalla grande son ciertos valores culturales que se enaltecen: amistad, amor, generosidad, unión.
Los valores laicos que se exaltan son una construcción convencional e ingenua de un modelo de sociedad ideal. La propuesta de estos films  no es sino exaltar las emociones y sorprendernos con esa magia espirituosa, sin dejar lugar a cuestionar motivaciones sociales y de índole moral.
Poco encontraremos de la causa de estas celebraciones en los films, sobre todo Hollywoodenses. La sociedad y en consecuencia el cine, como espacio privilegiado donde se depositan las representaciones de lo que una época es, encuentra en estas fecha un espacio de celebración y emotividad que transciende cualquier significación original. Seguramente eso explique su triunfo y recordación en la cultura popular.




sábado, 9 de noviembre de 2013

Meet Joe Black?

Seducción fallida


Generalmente un film que propone buenos actores, motiva la curiosidad de cualquier espectador. Sin embargo, esto no es garantía de éxito. Nunca lo fue, y seguiremos cayendo en las redes del “marketing cinéfilo” que juega con nuestra primera intuición. Meet Joe Black? no es la excepción a esta regla.
Esta película estrenada en 1998 bajo la dirección de Martín Brest, ya desde su título y las primeras escenas, propone una estética que se jacta de una gran seducción artística, con una fotografía deslumbrante y cuidadosamente trabajada, que no son más que una ilusión para el espectador.


William Parrish (Anthony Hopkins) es un poderoso y millonario empresario que un día recibe una inesperada visita en su casa: la muerte personificada en Brad Pitt viene a buscarlo, anunciándole el poco tiempo que le queda de vida. Ante semejante noticia, Parrish queda atónito y no es para menos. El argumento se complejiza cuando descubre que la mismisima muerte, encarnada en un hombre elegante y seductor, se enamora de su hija (Claire Forlani). Hasta ese momento, estamos ante un relato intrigante, ingenioso, y se puede decir, original. Sin embargo, el devenir del film muestra que esta primera intuición que se bosqueja no se cumple por varios motivos. El tratamiento narrativo es lento, e innecesariamente largo, con nada menos que tres horas de duración. Lo que parecía ser una propuesta distinta, en relación a la noticia que recibe el protagonista, se convierte en un suceso casi secundario, opacado por el romance entre Brad Pitt y la hija del protagonista, que, a propósito, se trata de la construcción de un romance de la insinuación “a primera vista”, es decir lastimosamente perfecto e inverosímil, que empalaga más que despertar un matiz de interés. 
No obstante, la promesa de las buenas actuaciones es real. Si hay algo digno de rescatar es la performance de un Hopkins tan lucido y brillante como siempre. Al igual que Brad Pitt, son actuaciones logradas. Asimismo, el gran despliegue de pomposidad, lujo y vanidades que juegan como suerte de contraste frente a la visita que recibe el protagonista del film y su accionar pero que, de todas formas, no se logran tratar acabadamente.
Meet Joe Black? es un film sugestivo pero desaprovechado, por el tinte solemne que adquiere, lo que sumado a su intención pretenciosa, dejan al espectador con un sabor exiguo, y terminan opacando lo que puede llegar a ser una temática más que interesante para abordar: qué hacer si la muerte se nos presenta revelándonos un tiempo limitado en la tierra.

Título:Meet Joe Black. Dirección: Martin Brest. Pais: EE.UU. Año: 1998. Género: Drama. Reparto: Brad Pitt, Anthony Hopkins, Claire Forlani. Duración: 178 min.  



viernes, 8 de noviembre de 2013

Fight Club (El club de la lucha)



Una lucha interna

Fight Club (199
9) es un film que reflexiona sobre la sociedad de consumo y logra lucirse como una suerte de crítica a los valores que supo enaltecer la sociedad moderna: la cultura del confort, el lujo, el poder, y lo estrictamente material, como promesa de felicidad.



“Hojeaba los catálogos y me preguntaba ¿qué juego de comedor me define como persona?” reflexiona el personaje de esta historia en un intento de responder un orden de su vida que comienza a hacerle ruido. El protagonista de esta película (Edward Norton) del cual no se devela su nombre, es un joven que vive en una ciudad que parece estimularlo continuamente, un entorno por el que se ha dejado seducir. Sin embargo, está atravesando una fuerte crisis interna: está aburrido de su trabajo, y de todo lo que lo rodea y lo exterioriza con problemas de insomnio. En medio de esa vorágine, buscando mermar ese malestar que no consigue materializar con palabras, comienza a concurrir a grupos de autoayuda para enfermos terminales y a deambular por la ciudad. Es así como tropieza con Tyler Durden ( Brad Pitt), un vendedor de jabón que tiene una filosofía de vida totalmente opuesta a la suya. Tyler reinvidica lo que en términos del teórico Georges Bataille es la experiencia soberana, el derroche y la autodestrucción como ejercicio de liberación subjetiva. A través de su filosofía de vida, Tyler le muestra una forma de concebir la realidad que hasta entonces el protagonista consideraba inexplorada. Juntos fundan “El club de la pelea”, un espacio de entretenimiento con otros hombres, donde la pelea cuerpo a cuerpo parece ser una especie de catarsis ante lo que repudian del mundo terrenal.



Dirigida por David Fincher, este film es protagonizado por Edward Norton, Brad Pitt, y Helena Bomham Carter, que logran complementarse muy lucidamente. Se destaca por su guión sólido y sagaz, con diálogos que son un verdadero sopapeo al sentido común de la comodidad y de las verdades que tranquilizan. La fotografía y el tratamiento visual del film son otro gran acierto de esta propuesta, que se lucen con planos muy dinámicos donde a la violencia y a la insatisfacción las separa una delgada línea. Por otro lado, el recurso de la voz en off del protagonista, funciona como hilo conductor entre tanto despliegue, y contribuye a mantener el suspenso y la intriga en el tratamiento del clímax que es inteligentemente abordado, manteniendo en velo al espectador con un final tan sorpresivo como revelador.
Fight Club es una película que propone un lugar transgresor como forma de entender la realidad. Se convierte en una reflexión sobre el valor de la utilidad para medir la existencia humana, las relaciones sociales y la vida material y simbólica del hombre, que reducen todo esfuerzo a la producción y acumulación de bienes. Probablemente esa sea su contribución más celebrada: la indiferencia frente al futuro y la renuncia a todo dominio, concepciones que para la sociedad moderna, cuyo pivote es el progreso son consideradas absurdas.




Titulo: Fight Club. Dirección: David Fincher. Reparto: Brad Pitt, Edward Norton, Helena, Bonham Carter País: EE.UU, Alemania. Año: 1999. Duración 139 min. Género: Thriller, Acción.