A Séptimo grado
Comúnmente, se asocia a Ricardo Darin, a un standard
de calidad asegurado. Y no es para menos, en el imaginario colectivo, el
protagonista de Séptimo es sinónimo
de talento cinematográfico. Podríamos disentir, abnegando que si bien su actuación
es tan lúcida como siempre, en el film, una sumatoria de situaciones no es
hacen más restar.
Realizada bajo co-producción
Argentino-Española, y con un guión y dirección de Patxi Amezcua, este film es
un thriller que se las ve complicado para sostener el suspenso que le concierne
al género durante los 88 minutos de su duración.
Sebastián (Ricardo Darin), es un padre
porteño que comparte con sus dos hijos un juego al salir de su casa. Mientras
él baja por el ascensor, los niños lo hacen por la escalera. La travesura se
convierte en pesadilla cuando un día, sus hijos desaparecen dentro del
edificio. A partir de ese episodio, comienza una búsqueda desesperada por parte
del protagonista y su esposa (Belén Rueda).
Séptimo, sumerge al espectador en un
recorrido por pistas falsas que agotan más que mantenerlo atento. Por otro
lado, la construcción de los personajes
de los niños carece de verosimilitud, ya que el vínculo de los niños con el
padre carece de naturalidad. Esto, sumado a los giros no justificados del film,
y su endeble resolución parecerían demostrar que no se lo aprovecho a Darin como
podría haberse logrado.
Por su parte, la captura de la Buenos Aires
alborotada le da dinamismo al film al jugar con los ruidos de la ciudad y
distraer al espectador ante la monotonía de la búsqueda. Aunque la mirada
extranjera le podría haber aportado una perspectiva distinta de la ciudad y
otorgarle un sello diferente.
Es meritorio descatar las actuaciones de
Osvaldo Santoro, Luis Ziembrowski, y Jorge D´Elia. Probablemente, eso acentúe
que al levantarse de la butaca, a uno le queda un sabor amargo, al tratarse de
tal elenco.
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