Cine 3D: más ocasión que reinvención
Muchos fueron los intentos que tuvo el formato 3D en su
intento de posicionarse en la pantalla grande a lo largo de la historia.
En 1899, William Friese Green fue el pionero que patentó el
primer sistema cinematográfico en 3D, pero no tuvo éxito debido a lo complejo
del mecanismo. Diez años después Frederik Eugene tampoco logró tener
repercusión. El mismo destino le siguieron a los intentos en 1915 con Edwin
Potter como en 1922 cuando se realizó el primer cortometraje 3D en Los Angeles,
utilizando el método de la doble proyección a
partir de dos películas de celuloide, separando la
imagen mediante los colores rojo y verde; y donde cada color era captado sólo
por uno de los ojos, mediante unas gafas con cristales rojo y verde respectivamente.
Muchos de estos intentos, quedaron truncos
por la carga de equipamiento que exigían para su exhibición, como el
VistaVision o el Cinerama, este último requiriendo tres proyectores. La
película The
Power of Love en 1922 no tuvo éxito pero fue el verdadero inicio del
interés real por la cinematografía en 3D. Con la caída de Wall Street en 1929, el desarrollo del cine tridimensional se
detuvo.
Lo que faltaba, era la llegada del color.
Aunque todas las películas en 3D se rodaban en color, el paso a la separación
en rojo y verde, hacía que los espectadores obtuvieran una imagen en blanco y
negro. La llegada de los filtros
polarizadores patentados
por Polaroid supuso un gran
cambio,
Hacia la década del 60´ Arch Oboler creó un
nuevo sistema Space Visión 3D que imprimía dos imágenes superpuestas,
permitiendo utilizar un único proyecto. Pero no prosperó.
Se reintentó en los 80´ con Dinastía y Tiburón III, sin
contar apariciones de Martes 13
Freddy Krueger y su muerte en 3D. “Pero el sistema de anteojos generaba
molestias, dolores de cabeza y de alguna manera era “depender” de un elemento
sobre el cuerpo para disfrutar el espectáculo. Los efectos no representaban
volumen, sino “troquelado” de las imágenes, lo cual resultaba más artificial
que el cine convencional”, afirma el investigar, docente y realizador audiovisual Sergio Armand. En
otros, se distorsionaba lo representado en pos de la tridimensionalidad. Un
caso fue, ya en los 2000, el súperman del IMAX que en un plano general, parecía
un muñequito superpuesto sobre el fondo; efecto que en su versión 2D no
aparecía y resultaba dramáticamente adecuado.
¿Quién apostaría a ciencia cierta que la
sorpresa y la repercusión que generó James Cameron con Ghosts of the Abyssen (Misterios del Titanic) en 2003 y que luego reafirmaría
con Avatar, seis años después,
vendrían para quedarse? No obstante, lo más lógico será sugerir si estará en
condiciones de permanecer o si tendrá el mismo destino que sus antecesores
intentos.
La técnica del 3D no es más que la
filmación y proyección que simula la visión tridimensional humana real. A
través de unas lentes, cuyo diseño también sufrió alteraciones en el tiempo, se
posibilita esta práctica. Basta detenerse en que el 3D cumple con la ambición
de reproducir imágenes tal cual son visualizadas por el ojo real para darse
cuenta que el hombre parece no tener límites en lo que a su intento de
“acceder” a la realidad se
refiere. Introducir el contexto en el que se sitúa
el resurgimiento de esta nueva tecnología,- y ya no mero formato en si-, que
parece augurar que tendrá otro desenlace y no se convertirá en un simple
intento de renovación que queda trunco en el tiempo, parece ser el camino para
poder pensar en sus logros y aciertos.
refiere. Introducir el contexto en el que se sitúa
el resurgimiento de esta nueva tecnología,- y ya no mero formato en si-, que
parece augurar que tendrá otro desenlace y no se convertirá en un simple
intento de renovación que queda trunco en el tiempo, parece ser el camino para
poder pensar en sus logros y aciertos.
Con las posibilidades de trasladar el cine
a la casa, a partir de las dos privatizaciones que tuvo el cine, primero con el
video home y después con los DVDs, y Blue Rey y principalmente con el
advenimiento de las grandes pantallas al hogar, de formato ancho, ya no
resultaba impactante ver imágenes amplias en color. El cine 3D resucitó la convocatoria a las
salas. La recaudación de Avatar en EEUU
dejó casi 600 mil millones de dólares, muy cerca de superar al imbatible Titanic,
ambas del mismísimo James Cameron.
El 3D desde entonces invitaron nuevamente al espectáculo del
cine. “La experiencia fue tan impactante como lo fueron las primeras películas,
si recordamos la locomotora de los Lumiere que parecía arrollar a los
espectadores” dice Armand. Existen experimentos como el de Werner Herzog y más
recientemente Win Wenders con “Pina”,
que brindaba una propuesta artística deslumbrante gracias al efecto
estereoscópico. Como también lo fue Hugo de Scorcece. Así lo sugiere Gisela
Manusovich, analista cinematográfica y docente. “Lo que nos generaba Hugo en el
2012, yo la sitúo con la misma fascinación que le pudo haber generado el
publico de Melies la década del 10´. Ahí si tiene un sentido alucinante porque
con un recurso tecnológico se puede recrear una vivencia espectatorial”, apunta.
En términos estéticos, el cine 3D logra generar
impacto visual, pero se torna difícil separar la mera sorpresa de la sucesión
de golpes de efectos sueltos. “El verdadero enriquecimiento se podría ver
cuando el “arte” del director de fotografía, la profundidad de las imágenes,
los volúmenes, llegan a estar ciertamente unificados con el efecto 3D”, afirma
Sergio Armand. Potenciar el tratamiento visual parecería ser el lugar que le
cabe a esta nueva incursión técnica.
El poder de hablar desde otro lugar con
mucho menos limitaciones a nivel narrativo
y espaciales, permitiendo resolver
cosas que en el plano tradicional se dificultan, es lo que detalla Gonzalo
Mena, productor ejecutivo de REMO, un estudio de animación 3D y fundador de
UIPAA, (Unión Industrias de Animación y
Artes Audiovisuales), como el gran aporte de
esta técnica.. Sin embargo, en algunas ocasiones, “puede llegar a distraer
al espectador ya que el uso de la de la estereoscopía obliga a secuencias con
acción y resultados adrenalínicos (si cabe el término) y en cierto sentido
puede condicionar las opciones narrativas”, contrapone Armand.
Asimismo, eventualmente siempre queda gente afuera. Aún es
molesto depender de lentes, (quienes usan anteojos viven una molestia con el
“doble par”) y la gente con estrabismo no puede apreciarlo. Además de no se
pueden llegar, siendo la higiene un punto importante en su
maniobra.
Negocio o nuevo
lenguaje
Resulta absurdo dejar de lado la veta comercial que asoma
detrás de cualquier resurgimiento o incorporación técnica. ¿Cómo delimitar
cuando una tecnología funciona como
complemento o cuando se refugia en ella como la salvación de un film?
Cuando empezó el Cinemascope y el Panavisión, los magnates
del cine quisieron readaptar filmes con el encuadre tradicional a la pantalla
ancha, recortando cabezas, arruinando composiciones, pasando por encima de la
obra artística. Turner, lider de la televisión en Estados Unidos, compró
derechos de varios films tradicionales y arremetió con el coloreado digital. Se
levantaron cineastas de todo el mundo en contra de esto. “Con el 3D, muchos
directores se negaron rotundamente a readaptar sus films al sistema 3D.
Cristopher Nolam se negó con sus “Batman”. Las propuestas comerciales se vacían
de contenido en vez de llenarse porque se desbalancea la perspectiva. Se centra
en lo comercial y se olvida que los estímulos pretendidamente impactantes,
comienzan a carecer de contraste, de novedad” advierte Armand.
Los recursos estéticos son una caja de herramientas que
depende de cómo se apliquen, tienen más sentido o no. Un sentido comercial, un
sentido artístico o educacional, en términos de Manusovich. “Hay que tener cuidado
con el buen uso de las herramientas. Yo no estoy
de acuerdo del abuso del recurso porque en mi opinión los contenidos tienen que
ser sostenidos por una idea y no por el recurso. El recurso no es el que tiene
que mandar a la idea sino la idea mandar al recurso”, afirma Mena.
En el escenario socio
tecnológico actual donde desde distintos enfoques como la publicidad, las redes sociales, o el cine de animación, invitan
a la interactividad del usuario y lo “forman” de un modo activo, ávido de la
novedad que busca participar y no solo contemplar una obra, sino apropiarse
como pasa con los contenidos musicales móviles o la interactividad del mundo virtual,
cabe introducir la inquietud de si esta técnica está en vísperas de convertirse
en un nuevo lenguaje.
Armand es tajante en su
postura. “Una técnica que no ha modificado la narrativa sino que más bien en
muchos sentidos la ha estancado un poco en función de las ofertas, no está
cerca de generar un nuevo lenguaje”.
Mucho de lo que vemos y lo que nos llega como espectadores,
en mayor proporción desde Hollywood en términos del 3D, está mandando por la
ventaja económica que por una buena idea. “Hoy por hoy, estamos muy obligados a hablar mucho de Hollywood porque
estamos en la argentina y hay un aprovechamiento y todo esto es como un
negocio. Si el mercado oferta y el público consume y lo pueden introducir me
parece que va a pasar. Estaría bueno que se igualen, para que se pueda comunicar
lo importante que es la historia, el por qué de una idea”, concluye el fundador de UIPAA.
Todos parecen coincidir que la
técnica debe estar subordinada al guión y no al revés. Cuando lo pensamos a la
inversa es cuando comienzan a jugar las variables propias del mercado
Punto de llegada: el público infantil
Hoy por hoy, el 80% del mercado cinematográfico está ocupado
por las grandes películas de Hollywood que establecen la propuesta del
entretenimiento y el 3D sabe apropiarse muy bien de esta ventaja,
configurándose como una suerte de montaña rusa, como la define Armand.
Es muy difícil dejar de mencionar las producciones “tipo
chorizo”, -homogéneas y similares- como muchas de las producciones que llegan a
nuestro país desde el hermano mayor, Hollywood. A su vez, resulta difícil separar una técnica tan grande en
cuanto a su impacto, de su propuesta,
emparentada con el entretenimiento, especialmente para el público
infantil que parece ser el blanco de este reinvento.

Gonzalo Mena señala que no debería haber un target determinado para consumirlo. “Esas son condiciones del mercado que han decidido explotarlo de esta manera y hoy es esta la condición. Muchos de los formatos que se venden están enfocados hacia el público infantil. Resulta mucho más fácil entrar en un negocio emparentado con un contenido infantil que un contenido adulto. El adulto no va y elige por su propia cuenta si no es que tiene hijos, porque no está enfocada para él”, dice.

Gonzalo Mena señala que no debería haber un target determinado para consumirlo. “Esas son condiciones del mercado que han decidido explotarlo de esta manera y hoy es esta la condición. Muchos de los formatos que se venden están enfocados hacia el público infantil. Resulta mucho más fácil entrar en un negocio emparentado con un contenido infantil que un contenido adulto. El adulto no va y elige por su propia cuenta si no es que tiene hijos, porque no está enfocada para él”, dice.
Dar lugar a una diversión que
fomente el espíritu critico parece ser el camino más esperanzador que encuentra
Gisela Manusovich para que la tecnologia no nos pase por encima cual tsunami. “Hay que generar
nuevos canales de disfrute que no se si tienen que ver con la diversión. Por
ahí tiene que ver con construir un mirada más crítica, con valoras ciertos
documentos históricos. Que haya entretenimiento no quiere decir que no haya un
cine de arte, un cine pedagógico”, concluye Manusovich.

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