
ROSA ROISINBLIT, VICEPRESIDENTA DE “ABUELAS”
“Una madre es lo máximo que hay”
Como todas las tardes, ella está sentada en el sillón de su oficina que da a la calle Virrey Cevallos en pleno Congreso. Allí el tiempo es infinito. Sin embargo, eso parece no importarle a Rosa Roisinblit, que cada día encuentra un motivo para seguir firme en el cargo de vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, lugar al que pertenece desde hace 31 años.
Nada fue fácil para esta mujer de 89 años cuando un día como cualquier otro, en el 78, su hija Patricia, embarazada de ocho meses, y su yerno, José Manuel Pérez, desaparecieron en manos de la más feroz dictadura militar de la historia argentina.
La realidad que atormentó a una sociedad entera, no fue motivo para que Rosinblit bajara sus brazos. “En principio, encontramos muchos obstáculos, pero el amor por nuestros hijos y nietos estaba por encima de esos impedimentos y tratamos de vencerlos. No había ningún texto en donde aprender lo que teníamos que hacer, tuvimos que recurrir a nuestra propia creatividad”, relata.
Sus vivas esperanzas y el lazo que la unía a sus seres queridos la acompañaron tanto a ella como a otras madres y abuelas en el reclamo por los derechos humanos, desde aquel momento, pese a que el gobierno militar seguía todavía vigente. “Aparentemente, las madres somos más fuertes, más enérgicas en el reclamo, porque la madre es lo máximo que hay”, dice con valor al explicar por qué fueron sólo mujeres las que siguieron un reclamo que perdura hasta el día de hoy, cuando en un principio el grupo era heterogéneo y reunía tanto a familiares, maridos, esposas, hijos e hijas de personas desaparecidas. Lo que, “poco a poco se fue decantando y hubo una separación”. Algunos familiares buscaban a detenidos por razones políticas, las madres se dedicaron exclusivamente a buscar hijos e hijas, y en ese momento comenzó “Madres”. “Luego, cuando nosotras, las abuelas, nos dimos cuenta que a los bebes tampoco nos los iban a entregar, empezamos la búsqueda de los nietos”. Así, relata Roisinblit lo que fueron los tres organismos “afectados” que se crearon en un principio.
Las Abuelas de Plaza de Mayo han identificado a 82 niños nacidos en cautiverio o secuestrados por la dictadura que gobernó en Argentina entre 1976 y 1983, sobre un total estimado de 500 bebés que fueron arrebatados a sus padres en campos de concentración del régimen. Rodolfo Fernando Pérez Roisinblit, su nieto recuperado en 2000, nació en la tenebrosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la más emblemática cárcel clandestina de la dictadura, al mediodía del 15 de noviembre de 1978 de parto normal.
En el presente, Roisinblit y otras abuelas siguen firmes con el mismo afán que las acompaña desde hace ya muchos años: mantener un espacio vivo de reclamo para preservar la memoria y buscar la identidad. “Cualquier persona que tiene dudas sobre su origen, aunque no sospeche que sea hijo de desaparecidos, puede venir acá. Todos los días se presentan chicos con sus dudas y aquí hay gente especializada que los escucha y ve cómo es el caso. Si sospechan que puede ser un nieto desaparecido, entonces se le puede sugerir a esa persona que vaya al banco de datos genéticos a dar su sangre y cotejar con las posibles familias”, explica Roisinblit.
Habla deteniéndose en cada idea con firmeza, como si buscara que su interlocutor logre la conciencia que ella lleva encarnada. “Es muy importante que la gente conozca lo que pasó en el país, hay que instruir a la gente, relatar lo que pasó y buscar los medios para impedir que se repitan. Nosotras tenemos convenios con el Ministerio Nacional de Educación, mandamos folletos, diskettes, fotografías, y ellos se encargan de distribuirlos a las escuelas. Hay que mantener la memoria activa, porque un país que olvida corre el riesgo que las cosas se repitan”,cuenta.
Su labor en la Asociación de Abuelas siempre fue activa, aunque eso no oculta que en momentos la tristeza y el dolor tengan un lugar en sus días y sobre todo en fechas especiales como es el Día Internacional del Desaparecido-Detenido que se conmemoró el 30 de agosto en el Parque de la Memoria. “Esas fechas son de gran emoción, y también de mucha tristeza, tiramos una flor al agua porque no tenemos un lugar realmente donde llevarla”, dice con su mirada hacia abajo.
Una causa para vivir. Mucha gente pasa toda su vida buscándole un sentido a su existencia, y Rosa Rosinblit ya casi pisando los 90 años no ha renunciado a ella y la tiene más presente que nunca.
Septiembre del 2009